Desde niños fuimos participantes en veladas en los colegios para celebrar el segundo domingo de mayo -Día de la Madre- y fuimos protagonistas de aquellos días en esta fecha, declamando, cantando, bailando, etc. como parte de una actividad orientada a reconocer el rol de la madre en el seno del hogar.
Se nos colocaba una rosa roja en el pecho para que todo el mundo pudiera saber que nuestra madre vivía; en cambio una rosa blanca en el pecho de los niños significaba que habían tenido la desdicha de perderla. Y así transcurrieron los años hasta que, ya adultos, vemos con otros ojos esta celebración.
Quiero desearles un feliz día a todas las madres y futuras madres que aman incondicionalmente a sus hijos y luchan día a día por el bienestar de ellos.


La voz de los ciudadanos