El espacio está lleno de ‘buckyesferas’

10 11 2010

Las buckyesferas, también conocidas como fulerenos, son moléculas con forma de balón de fútbol formadas por 60 átomos de carbono unidos. Y el espacio está lleno de ellas. Al menos es lo que han determinado los astrónomos mediante el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA.

Se han localizado estas pequeñas esferas de carbono por toda la Vía Láctea. Spitzer también detectó buckyesferas alrededor de una cuarta estrella moribunda, conocidas como nebulosas planetarias, y en cantidades ingentes (el equivalente en masa a 15 lunas como la nuestra).

La astrónomo Letizia Stanghellini del Observatorio Nacional de Astronomía óptica en Tucson, Arizona, y coautora de un nuevo estudio que aparece on-line el 28 de octubre en Astrophysical Journal Letters:

“Resulta que las buckyesferas son mucho más comunes y abundantes en el universo de lo que inicialmente se pensada. Spitzer las había encontrado recientemente en una posición específica, pero ahora las hemos visto en otros entornos. Esto tiene implicaciones para la química de la vida. Es posible que las buckyesferas del espacio exterior proporcionaran las semillas para la vida en la Tierra”.

Las implicaciones de este descubrimiento son más importantes de lo que parece. Los científicos han especulado en el pasado con las buckyesferas, las cuales pueden actuar como receptáculos para otras moléculas y átomos, podrían haber transportado sustancias a la Tierra que iniciasen la vida. Las pruebas para esta teoría proceden del hecho de que se han encontrado buckyesferas en meteoritos transportando gases extraterrestres.

Las buckyesferas o fulerenos toman su nombre de su semejanza con las cúpulas geodésicas del arquitecto Buckminster Fuller. Harold Kroto, de la Universidad de Sussex, James Heath, Sean O’Brien, Robert Curl y Richard Smalley, de la Universidad de Rice, descubrieron estos fulerenos en 1985, en un experimento que consistió en hacer incidir un rayo láser sobre un trozo de grafito. Ellos esperaban efectivamente descubrir nuevos alótropos del carbono, pero suponían que serían moléculas largas, en lugar de las formas esféricas y cilíndricas que encontraron. A Kroto, Curl y a Smalley se les concedió el premio Nobel de Química en 1996, por su colaboración en el descubrimiento de esta clase de compuestos.

Pero no fue hasta el pasado julio cuando Spitzer fue capaz de proporcionar la primera muestra confirmada de su existencia en el espacio. Y menos aún que hubiera tantas.

También son importantes en la investigación tecnológica: tienen potenciales aplicaciones en superconductores, dispositivos ópticos, medicina, potabilización del agua, blindaje, etc.

Fuente de Información: Ciencia Kanija


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